Y respiren normalmente

Y respiren normalmente

“Y respiren normalmente”: el cine que escapa de la mirada masculina

El debut en el largometraje de Ísold Uggadóttir nos cuenta la historia de dos mujeres que intentan sobrevivir enfrentándose al machismo y al racismo institucional de una supuesta sociedad avanzada.

JUDIT VELA.

Colóquense las mascarillas y respiren normalmente… si pueden. Probablemente solo lo logren si pertenecen al reducido grupo de personas en el mundo con suficientes privilegios como para no ahogarse bajo el yugo del sistema. La directora islandesa Ísold Uggadóttir estrenó el año pasado su primer largometraje para contárnoslo a través de la historia de dos mujeres cuyas vidas se cruzan de forma inesperada en un aeropuerto. Y no es la primera vez que expone en pantalla una verdad ciertamente incómoda para su país: Islandia, a pesar de colocarse a la vanguardia del llamado “bienestar social” en Europa tras lograr recuperarse de la devastadora crisis financiera de 2008, no ha podido escapar de algunos de los ‘ismos’ más mortales que azotan nuestro tiempo: capitalismo, racismo, machismo… todos, cómo no, estructurales. En esta ocasión Uggadóttir logra contarnos una historia con perspectiva de género basándose en las vidas de muchas mujeres reales que habitan o pasan por Islandia, poniendo el foco en la violencia machista institucional y económica que sufren a diario. Para ello, se aleja de la visión idílica que ofrecen los medios del país y logra retratar su cruda realidad sociopolítica a través de estas dos protagonistas cuya relación será, en realidad, la trama principal de la historia.

Adja (Babetida Sadjo) es una solicitante de asilo en Canadá procedente de Guinea-Bisáu que es detenida en la frontera por Lára (Kristín Thóra Haraldsdóttir), una mujer islandesa a punto de ser desahuciada junto a su hijo. Por un lado, Lára representa una maternidad poco convencional que rompe con muchos de los estereotipos asociados a lo que la sociedad considera una “buena madre”. Aun así, la vemos constantemente preocupada y se percibe en ella la desesperación de una persona que ha tenido que recuperar la custodia de su hijo y que no puede permitirse cometer errores, como parece creer que podrían ser el consumo de drogas o suspender el período de prueba en la Fuerza Fronteriza del Aeropuerto Internacional Keflavík. Representa, además, una expresión de género alejada de la feminidad hegemónica y una orientación sexual no normativa.

Por otro lado, Adja es presentada como una mujer en lucha constante contra las trabas del sistema, así como contra su propia rabia e impotencia. Se muestra fuerte y valiente, manteniendo en todo momento un nivel de empatía y sensibilidad que incluso llega a sorprender –en un mundo como el nuestro– por las dificultades que parece haber atravesado a lo largo de su vida. La falta de sororidad, confianza e incluso el rechazo que Lára muestra al principio del film hacia Adja quedarán atrás a medida que avance la historia. Poco a poco ambas mujeres irán descubriendo todo aquello que las une. Principalmente, que no tienen a nadie con quien contar mientras sufren todo tipo de opresiones, que en esta historia llegan en su mayoría -y directamente- desde la propia institución, siendo generalmente hombres los principales representantes de la misma y los agentes del poder.

Y respiren normalmente está repleta de símbolos que también nos cuentan la historia por sí mismos. Las ventanas, tanto de coches como de cabinas (en el aeropuerto o en la cárcel) son elementos clave en el largometraje. A través de las dos primeras las protagonistas miran siempre hacia el exterior evocando la idea de sus grandes anhelos de libertad. Las ventanillas de las cabinas, en cambio, son esa barrera ‘invisible’ entre la institución y las personas migrantes y suelen situarse a un nivel más alto. De igual manera se juega con los niveles en otras escenas de la película, haciendo alusión a la jerarquía y al poder. Las rejas, vallas y jaulas también hacen referencia continuamente a la falta de libertad a lo largo del film. En una de las primeras escenas de la película el hijo de Lára observa a unos gatos enjaulados esperando a ser rescatados y le pregunta a su madre: “debe de ser raro vivir en una jaula, ¿no crees?”.

Con todo, Uggadóttir ha creado a unos personajes femeninos encarnados por unas actrices que se alejan del canon de belleza hollywoodense al que estamos acostumbradas, cuyos cuerpos no se fetichizan ni se fragmentan en la pantalla. Adja y Lára, tomando consciencia y reconociéndose a sí mismas como sujetos pasivos, pasan a tener agencia y a rebelarse juntas -metafórica y literalmente-, a pesar de los obstáculos, contra el sistema racista y patriarcal que las somete. Nosotras, como espectadoras, tenemos el placer de encontrar en este film a unas mujeres con las que identificarnos que se empoderan y que dejan de perpetuar el status quo, algo que merece ser alabado teniendo en cuenta que el cine sigue siendo uno de los medios que, con mayor efectividad, reproducen y perpetúan las construcciones sociales de género. Ísold Uggadóttir se llevó un merecido reconocimiento como mejor directora en la categoría de drama en la edición del Festival Sundance 2018. Quizás ahora solo nos queda esperar a que Netflix, gigante de la nueva era del capitalismo cultural, empiece a promocionar esta joya del cine feminista más reciente.

Judit Vela, Barcelona. Feminista y charnega. Me gusta hacer fotos, sobre todo cuando no me lo piden. Estudié periodismo. Ahora un máster de género. Intento descubrir cómo cargarme el planeta lo menos posible.

WP to LinkedIn Auto Publish Powered By : XYZScripts.com