Hannah Arendt: Filósofa y política

El mal puede ser obra de gente corriente, de las personas que renuncian a pensar. Y la controvertida filósofa Hanna Arendt logró hacerlo evidente, se adentró en la psicología del mal para descubrirlo lleno de normalidad. Se atrevió a decir en voz alta, desvestida de prejuicios que el mal no tiene sentido, pero si causa, y solo tratando de comprender las causas se puede salir de la indiferencia que nos provoca lo inevitable, puesto que la masividad del mal provoca que, por el hartazgo, caigamos en la indiferencia.

Así es como Hannah Arendt fue breada por la opinión pública permaneciendo de completa actualidad. En su intento por comprender el mundo sentó las bases de una franqueza nunca antes vista, y lo hizo, desprendida de la necesidad de comprension, siendo su vida al completo un ejercicio de comprensión del mundo.

Arendt defendía un concepto de «pluralismo» en el ámbito político: gracias al pluralismo, se generaría el potencial de una libertad e igualdad políticas entre las personas. Importante es la perspectiva de la inclusión del otro: en acuerdos políticos, convenios y leyes deben trabajar a niveles prácticos personas adecuadas y dispuestas

«No me preocupa la influencia que puedan tener mis obras, lo que me preocupa es comprender y escribir forma parte de comprender, forma parte del proceso. Si tuviera la posibilidad de recordar todo lo que pienso, posiblemente no habría escrito nada. Cuando logro desarrollar un pensamiento necesito además expresarlo adecuadamente a través de la escritura. Si después otros comprenden en el mismo sentido que yo, es una doble satisfacción, un sentimiento de liberación y de sentirme como en casa».
( Fragmento: Hannah en una entrevista en 1963 por el periodista Günter Gaus la autoría de la traducción).

PELICULA

Hannah Arendt” (Margarethe von Trotta, 2012) es una película diferente que invita al espectador a una reflexión crítica sobre los acontecimientos que nos rodean y aborda la banalización del mal.
Cuando en 1961 se celebró en Jerusalén el juicio del líder nazi Adolf Eichmann, la revista The New Yorker escogió como enviada especial a Hannah Arendt, judía de origen alemán exiliada en Estados Unidos, que se había dado a conocer con su libro Los orígenes del totalitarismo, era una de las personas más adecuadas para escribir un reportaje sobre el juicio al miembro de las SS responsable de la solución final. Los escritos se publicaron bajo el titulo Eichmann en Jerusalén y el subtítulo Sobre la banalidad del mal, y fueron duramente criticados al malentenderse su mensaje.

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