Clarissa Pinkola: Analista junguiana y doctora en psicología etnoclínica

“Mujeres que corren con los lobos” ha sido traducido a 18 idiomas y ha recibido el Premio de Honor Abby y el premio Gradiva de la National Association for the Advancement of Psychoanalysis.

Clarissa Pinkola: Analista junguiana y doctora en psicología etnoclínica

He visto a muchas mujeres trabajar largas horas en actividades que despreciaban para poder permitirse el lujo de comprar objetos muy caros para sus casas, sus parejas o sus hijos. A tal fin, apartaban a un lado sus extraordinarias cualidades. He visto a muchas mujeres empeñarse en limpiar toda la casa antes de sentarse a escribir, Y tú ya sabes lo que ocurre con las tareas domésticas, que nunca se terminan. Es un método infalible para obstaculizar la creatividad de una mujer.

La mujer tiene que cuidar de que una responsabilidad excesiva (o una respetabilidad excesiva) no le roben los necesarios descansos, ritmos y éxtasis creativos. Tiene que plantar firmemente los pies en el suelo y decir que no a la mitad de las cosas que ella cree que «tendría» que hacer. El arte no se puede crear sólo en momentos robados.

La dispersión de los planes y los proyectos como por obra del viento se produce cuando una mujer intenta organizar una idea creativa y ésta se le escapa volando una y otra vez y cada vez se vuelve más confusa y desordenada. No le sigue la pista de una forma concreta porque le falta tiempo para anotarlo todo por escrito y organizarlo o está tan ocupada en otras cosas que pierde su sitio y no puede recuperarlo.

Es posible también que el proceso creativo de una mujer sea malinterpretado o despreciado por quienes la rodean. De ella depende informarles de que, cuando sus ojos miran «de aquella manera», no significa que sea un solar vacío a la espera de ser ocupado. Significa que está sosteniendo en equilibrio un enorme castillo de naipes de ideas sobre la punta de un solo dedo y está uniendo cuidadosamente todos los naipes entre sí por medio de un poco de saliva y unos diminutos huesos de cristal y, si consigue depositarlo sobre la mesa sin que se caiga o se desmorone, podrá crear una imagen del mundo invisible.

Hablarle en este momento equivale a levantar un viento de Arpía capaz de derribar toda la estructura. Hablarle en ese momento es romperle el corazón.

(Traducción al castellano de Antonia Menini Pagés)

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